16.9.08

Fotografía, profesión de riesgo

La semana pasada salí con la cámara por el barrio, a sacar lo que aparezca, sin rumbo ni objetivo. En una esquina, al lado de un taller mecánico, había un nene sentado contra la pared, cabizbajo con postura desafiante. En la pared, escrito "Rocanrol". Me acerco al taller mostrando la cámara, veo a un adulto que parece ser su padre, y le cuento: que soy fotógrafo aficionado, que podía ser una buena foto, que le pedía permiso.

-¿Para qué es?
-Para ningún lado: soy fotógrafo.
-¿Pero para qué es?
-... para mí, calculo. Es lo que hacemos los fot...
-...No, pibe, no, no se puede.
¿Cuáles son los riesgos reales de sacar una foto? Los reales, digo. En otras situaciones, en el Parque Saavedra, por ejemplo, ya pasé por el mismo tipo de situaciones. Y sucede lo mismo con las casas: sacarle una foto a una casa hoy en Buenos Aires es una intromisión. Ni siquiera sacarle una foto: hace poco caminaba por el barrio, otra vez, mirando techos. Llevaba incluso una bolsa con algunas compras del super. Una vieja, parada en la vereda, me grita: "¿Y de paso no querés llevarte algo de adentro? Dale, entrá y llevate algo."
Intuyo que en el imaginario popular aparecen noticias de pedofilia, de inseguridad, la idea de que una foto pueda ser colgada en internet "para todo el mundo". Pero, nuevamente, ¿cuáles son los peligros reales?
Es extraño: sucede al mismo tiempo que proliferan fotologs, blogs, facebook y quinientos modos de publicar nuestra información.
Y es un síntoma de la ciudad: en el interior la gente no tiene problemas en ser retratada. Doy fe porque hacemos salidas con el fotoclub. Vivimos perseguidos.
[en la foto: Henri Cartier Bresson, maestro del fotoperiodismo]